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Hasta pronto, Sáhara
Lunes, 28 de Junio de 2010 16:16
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Adiós a la arena del desierto, a las temperaturas extremas, a las jaimas y a las restricciones. Un total de 38 pequeños, de edades comprendidas entre los 7 y los 12 años, arribarán el próximo día 9 a La Rioja de la mano del programa ‘Vacaciones en Paz’, que desde hace alrededor de dos décadas propicia que niños saharauis disfruten del verano en España.

 

Durante dos meses, los menores de los campos de refugiados de los alrededores de Tinduf evitarán las elevadas temperaturas que se registran en la zona durante la época estival -superiores a los 50ºC-, se someterán a reconocimientos médicos -muchos presentan patologías en la vista, cuadros de desnutrición, problemas dentales o enfermedades como la solitaria- y nos recordarán a todos la lucha de un pueblo por retornar a las tierras ocupadas por Marruecos.

Pero, según las familias de acogida, «la ayuda es recíproca». Hasta septiembre, ellos acceden a las comodidades de Occidente y devuelven «cariño, afecto y valores como la unión entre las familias que en nuestra sociedad se han perdido un poco», indica Paco Moral, un vecino de Lardero que durante doce años recibió a siete chicos y una chica.

Raquel Ramírez, de Nalda, sostiene que, pese a que entre ambos mundos existe un abismo de diferencias, el único secreto para que la relación resulte exitosa radica en que «las dos partes respeten la cultura del otro».

Raquel acogió entre 1993 y el 2003 a dos hermanos, Fadel y Enguia, durante los inviernos, ya que necesitaban seguir un tratamiento y una dieta equilibrada. «La experiencia fue fantástica, como de una familia normal con su día a día y las preocupaciones típicas por los estudios de los niños, la salud…». Hoy, cuando vuelve la vista atrás, se siente tremendamente satisfecha del paso que tomó en su momento. «Estoy muy contenta de haber ayudado a sacarlos adelante, porque si no hubieran llegado a La Rioja, hubieran fallecido», expone. En cambio, en la actualidad Enguia se aplica en acabar la diplomatura de Enfermería en Vitoria y Fadel terminó un ciclo formativo de Electricidad. Los dos hermanos pretenden regresar en un futuro próximo a los campamentos y, con el bagaje atesorado en España, contribuir al desarrollo de la vida en los territorios ocupados.

Balance positivo

Los testimonios de agrado con la campaña de Paco y Raquel no representan una excepción. Así lo atestigua el vicepresidente de la Asociación Riojana de Amigos y Amigas de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), José Tomás. «En el 99% de los casos, la experiencia deja un balance muy positivo tanto para los niños como para las familias», confirma.

Sin embargo, en los últimos ejercicios, Tomás señala que «cuesta incorporar a nuevas familias que quieran acoger». «La gente no acaba de dar el paso. Hay muchas parejas que se informan, pero al final no se deciden, bien porque les surgen inconvenientes de última hora o por otras causas. Además, se ha notado la crisis. Sabemos que hay familias a las que les gustaría recibir a los menores, pero a las que este año les viene mal», apunta.

Por fortuna, el 90% de los pequeños que recala este verano en La Rioja ha venido en temporadas precedentes y ya disponía de un hogar asignado. No obstante, Tomás reitera «que siempre es necesario contar con familias de reserva, por si surge algún contratiempo».

Para esto, los interesados deben contactar con la RASD en el teléfono 628 545 330. Acoger a un niño saharaui durante la época estival no implica grandes requisitos. «Únicamente estar empadronado en La Rioja, ser mayor de edad, firmar una declaración jurada que constate que la familia de acogida no iniciará ningún trámite de adopción, voluntad y ganas», enumera el representante de la RASD.

Al margen de los fuertes lazos que se crean, el recibir a niños saharauis deja imágenes para el recuerdo. «Merece la pena observar sus caras de asombro cuando ven correr el agua de un grifo, pulsan un interruptor de la luz, suben en ascensor o encienden la tele», detalla Paco Moral.

Raquel también destaca que «posibilitas que estos pequeños que han estudiado en el Sáhara lo que son los árboles o los vegetales, puedan verlos o tocarlos en realidad. Que comprueben que esas cosas de las que les han hablado existen en verdad y que a la vuelta, además de estas lecciones prácticas, lleven a sus casas objetos básicos que les faciliten soportar el tiempo de espera hasta que puedan regresar a sus territorios, como jabones, ropa, sartenes…». Como contraprestación, ellos le transmitieron «una visión real de lo duro que resulta vivir en un campo de refugiados».
Fuente: http://www.saharatoday.net/?p=4062