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'Así nos tratan, esta es nuestra vida'
Miércoles, 21 de Julio de 2010 06:22
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Cuando me he despedido esta mañana de Wally, el chico saharaui gracias a quien he podido hacer mi trabajo estos días -porque me ha traducido, incansablemente, cada palabra- me ha dicho: “Gracias por venir, cuando pasa mucho tiempo sin que nos visite nadie, sentimos que se han olvidado de nosotros, que esteis aquí nos da muchos ánimos”.

Huelga decir lo ridículo que se siente uno ante ese agradecimiento. Pero lo que te estremece es pensar que, en ese olvido, lo que cinco españoles presenciamos el domingo es una práctica habitual, sólo que pocos se enteran; y que sí, que debe ser un consuelo -sobre todo, cuando es el único al que puedes aspirar de vez en cuando- tener a alguien a quien decir: “¿Lo ves? Así nos tratan, esta es nuestra vida”. Lo malo es que no es más que eso, un pequeño consuelo que hasta la fecha, no parece cambiar nada.

Pero ellos no quieren que desistamos. Más de cien veces me han pedido en estos días que le cuente a la población española lo injusta que es su situación, y lo necesario que es su apoyo. Y yo, como tantos compañeros y activistas antes, lo haré lo mejor que pueda. A la española y a todo el que nos lee. Les contaré lo que viví esa noche y otras muchas historias que he podido recabar.

Pero que nadie olvide que, mientras yo escribo estas lineas en la tranquilidad del salón de mi casa, la policía marroquí sigue acechando las de los saharauis; y mientras la ropa que yo llevaba ese día, cubierta de la suciedad que deja el sudor y el polvo, ya da vueltas en la lavadora, la de ellos, pronto, volverá a estar cubierta de sangre.

Sabíamos que esto sucedía, que cuando llegan las delegaciones de activistas saharauis que han estado de visita en los campamentos, el recibimiento de sus compatriotas, que les esperan reunidos y celebran su llegada con cánticos a favor de la independencia del Sahara, es acallada a base de golpes. Por eso estábamos allí. Desde luego, la masiva presencia policial en todas las calles próximas a la vivienda, durante todo el día, nos hacía presuponer que nuevamente algo iba a suceder.
Pero la violencia, creo, siempre te sorprende. Es como si alguien pisara el acelerador de un fórmula 1; aunque tu te hayas montado voluntariamente, el estómago se sube a la garganta en el primer instante.
Ahora es la una de la madrugada, apenas he dormido en estos días y creo que sería conveniente descansar un rato y ordenar las ideas. Pero mañana, en cuanto me levante, me sentaré a escribir, para contarles lo prometido. Lo que les prometí a ellos. Lo que ví; ese es mi trabajo.
Lo que contaré, es su vida.

FUente: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=3&id=682